La vejez es un exceso que aumenta por días.
Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es.
Dejemos que el pasado sea el pasado.
La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere.
He rezado por mi niñez, y ha vuelto a mí, y siento que sigue siendo tan pesada como antes, y que no ha servido de nada hacerme mayor.
Lo que pongas en los primeros años de tu vida quedará en ella incluso después de la muerte.
Sólo falta el tiempo a quien no sabe aprovecharlo.
La vejez es una enfermedad como cualquier otra en la que al final uno muere irremisiblemente.
El futuro del mundo depende del aliento de los niños que van a la escuela.
Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.
La juventud quiere ser estimulada mejor que instruida.
En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.
Todo niño viene al mundo con cierto sentido del amor, pero depende de los padres, de los amigos, que este amor salve o condene.
La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente.
Hemos olvidado que nuestra única meta es vivir y que vivimos cada día, y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestra verdadera meta si vivimos... Los días son frutos y nuestro papel es comerlos.
El tiempo siempre está maduro, la pregunta es para qué.
El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.
Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre.
¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.
Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida llena de belleza y libertad?
El tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos corresponde. Vamos avanzando, deteniéndonos y retrocediendo según sus órdenes. Nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas.
Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá.
El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce.
Hay personas que no saben perder su tiempo completamente solas. Son el azote de las personas ocupadas.
De los cuarenta para arriba no te mojes la barriga.
Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como algo que cualquiera logra en sesenta minutos por hora, hagas lo que hagas.
Lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante es vivir el ahora.
Algunas cosas del pasado desaparecieron, pero otras abren una brecha hacia el futuro y son las que quiero rescatar.
Opino que a los cincuenta, cada uno tiene la cara que se merece.