Que ni una palabra ni una mirada obscena manchen la casa en donde haya un niño.
No hay cosa más incierta que el numero de años de las señoras que se dicen de cierta edad.
A la vejez, viruelas.
Esta es la primera vez que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno.
El tiempo es una cierta parte de la eternidad.
La edad adulta es cuando te has encontrado con tanta gente que cada nueva persona te recuerda a otra.
Si se me diera la oportunidad de hacer un regalo a la siguiente generación, sería la capacidad de reírse cada cual de sí mismo.
Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus actividades más serias.
Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud.
Mucha buena gente que sería incapaz de robarnos el dinero, nos roba sin escrúpulo alguno el tiempo que necesitamos para ganarlo.
El hoy es discípulo del ayer.
Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan joven que hoy no pudiera morir.
Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna para lo porvenir.
¿Para qué es oro el tiempo más que para verlo pasar acariciándolo?
Una sociedad que aísla a sus jóvenes y corta sus amarras está condenada a desangrarse.
La única patria que tiene el hombre es su infancia.
Agua en mayo, pan para todo el año.
La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.
El tiempo fortalece la amistad y debilita el amor.
Cuanto más felices son los tiempos más pronto pasan.
Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir.
Un buen remedio contra la enfermedad del yuppie: invierte más tiempo en tu trabajo que trabajo en tu tiempo.
El tiempo saca a la luz todo lo que está oculto y encubre, y esconde lo que ahora brilla con el mayor esplendor.
El tiempo es un gran maestro que arregla muchas cosas.
El tictac de los relojes parece un ratón que roe el tiempo.
El pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo.
Un cura joven hace los mejores sermones.
Louis Charles Alfred de Musset
No comprimas con mucha fuerza y vigor la mano de un niño tierno.
El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso, el presente se nos escapa.
La sangre joven no obedece un mandato viejo.