La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
Los niños son como las estrellas. Nunca hay demasiados.
De mis disparates de juventud, lo que más pena me da no es haberlos cometido, sino no poder volver a cometerlos.
La conciencia del tiempo, en su forma más pura, es el aburrimiento, es decir, la conciencia de un intervalo que nada atraviesa o que nada puede llenar.
Yo no sé quién fue mi abuelo; me importa mucho más saber quién será su nieto.
Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es una maravilla.
A menudo se echa en cara a la juventud que cree que el mundo comienza con ella. Cierto, pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo termina con ella. ¿Qué es peor?
La única función del tiempo es consumirse: arde sin dejar cenizas.
No soy tan joven como para saberlo todo.
Un joven en años puede ser viejo en horas, si no ha perdido el tiempo.
La juventud es una enfermedad que se cura con los años.
Mientras haya libros no existe el pasado.
No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.
Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse.
Los niños son siempre el símbolo del eterno matrimonio entre el amor y el deseo.
Es para mí una alegría oír sonar el reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de Dios.
Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida.
Y así vamos adelante, botes contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.
El pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado.
En el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad.
No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.
Conciencia del tiempo es igual a estrés y agotamiento corporal y emocional.
Reflexiona sobre tus bendiciones presentes, de las que todo hombre posee muchas; no sobre tus pasadas penas, de las que todos tienen algunas.
Muchas cosas son las que el tiempo cura, no las que la razón concierta.
Demasiado libertinaje en la juventud seca el corazón, y demasiada continencia atasca el espíritu.
Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer.
¡Como si se pudiera matar el tiempo sin insultar a la eternidad!
Las ciudades, como los países y las personas, si tienen algo que decirnos, requieren un espacio de tiempo nada más; pasado éste, nos cansan.
La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué la recuerdo actualmente con más claridad que nunca.