La meditación es el ojo del alma.
Los modales corteses hacen que el hombre aparezca exteriormente tal como debería ser en su interior.
La victoria tiene un centenar de padres, pero la derrota es huérfana.
La fuerza de la necesidad es irresistible.
Las deudas son como cualquier otra trampa en la que es muy fácil caer, pero de la que es dificilísimo salir.
Las heridas de la calumnia se cierran pero quedan las cicatrices.
Cobra buena fama y échate a dormir.
La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo.
Los buenos modales se consiguen a base de pequeños sacrificios.
La creación de mil bosques está contenida en una bellota.
Cuando el río suena, agua lleva.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
Lo peor de las mansiones modernas es que no tienen lugar para los fantasmas.
Rendirse ante la adversidad es mostrarse de su parte.
Mi trabajo es cantar todo lo bello, encender el entusiasmo por todo lo noble, admirar y hacer admirar todo lo grande.
Los caprichos pueden ser perdonados, pero es un crimen despertar una pasión duradera para satisfacer un capricho.
No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente no muriendo.
Puedo creer lo imposible pero no lo improbable.
Quien deja vivo al ofendido, ha de temer siempre a la venganza.
Los placeres raros son los que más nos deleitan.
Nadie está tan ocupado como para no encontrar tiempo para contarle a todo el mundo lo ocupado que está.
Que cada cual siga su inclinación, pues las inclinaciones suelen ser rayas o vías trazadas por un dedo muy alto, y nadie, por mucho que sepa, sabe más que el destino.
A menudo se juzga a los hombres por el crédito de que gozan o por las riquezas que poseen.
Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en la que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.
Ninguna cosa hay tan difícil como el arte de hacer agradable un buen consejo.
Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.
Charles-Maurice Talleyrand Périgord
La necesidad nunca hizo buenos negocios.
Distraerse casi siempre significa cambiar de aburrimiento.
Voy despacio, pero jamás desandando lo andado.