Mucha gente piensa, o por lo menos siente, que el que no tiene sus hábitos y sus entusiasmos es un enemigo. A mí me parece lógica la intransigencia tratándose de ideas esenciales.
Lo último corrompido ¿no es el principio de lo engendrado?
Es miserable saberse miserable, pero es ser grande reconocer que se es miserable.
Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre.
Todas las buenas maneras tienen que principiar compartiendo alguna cosa con sencillez. Dos hombres tienen que compartir un paraguas; si no tienes un paraguas, tendrán por lo menos que compartir la lluvia, con todas sus ricas posibilidades de humor y de filosofía.
¡Que paren la Tierra, que yo me bajo!
La necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer.
A los empresarios les gustan las asambleas porque ellos las inventaron.
En la tierra de la anarquía absoluta no hallaréis aventuras, pero en la de la autoridad, cuantas os plazca.
Al buen pagador no le duelen prendas.
No te aflijas, sino alégrate de preferir ser, aún siendo miserable.
Hablando de nuestras desgracias las aliviamos.
Si nada es eterno, no es posible la producción ni la generación.
Unos por otros y la casa sin barrer.
Muchos pocos hacen un mucho.
El único modo de estar seguro de coger un tren es perder el anterior.
Cumplid vuestro deber y dejad obrar a los dioses.
Nuestro amor es el hogar, y el hogar puede ser abandonado por nuestros pies, pero nunca por nuestros corazones.
La soledad es la mejor nodriza de la sabiduría.
La patria no es la tierra. Sin embargo, los hombres que la tierra nutre son la patria.
No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a un hombre ante sí mismo. Lo que importa no es lo que yo pienso de él, sino lo que él piensa de sí mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen
El universo no es sino un vasto símbolo de Dios.
Son distintas las aguas que cubren a los que entran en el mismo río.
De aquellos polvos vienen estos lodos.
Quien fue a Sevilla perdió su silla.
Las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo.
No sólo para gobernar, sino también para sublevarse hacen falta leyes estrictas. Un ideal fijo y habitual es condición para toda clase de revoluciones.
Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses.
Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.