Frases que nunca se olvidan y quedan grabadas en la memoria. Las citas más memorables de la historia que perduran generación tras generación. Tenemos 224 frases que nunca se olvidan de los mejores autores.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada llamaba puño.
No hay rosa sin espinas.
En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.
La perfección del que imparte órdenes es ser pacífico; del que combate, carecer de cólera; del que quiere vencer, no luchar; del que se sirve de los hombres, ponerse por debajo de ellos.
Bicho malo nunca muere.
No impongas a nadie lo que tu mismo no puedas soportar.
Seguir un sólo camino es retroceder.
La hipótesis es una interpretación anticipada y racional de los fenómenos de la naturaleza.
El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.
La unión hace la fuerza.
El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.
De haber escrito mi propio epitafio, este habría sido: Tuve una riña de enamorados con el mundo.
Hazte miel, y te comerán las moscas.
Una sola piedra puede desmoronar un edificio.
El mejor camino para salir es siempre a través.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
La policía a veces inventa más de lo que descubre.
El que no sabe por qué camino llegará al mar, debe buscar el río por compañero.
El buen paño en el arca se vende.
El lugar ideal para mí es aquél en que es más natural vivir como extranjero.
Entre todos la mataron y ella sola se murió.
El mareo es al espacio lo que la impaciencia al tiempo.
Hazme la barba, hacerte he el copete.
Si pretendes y te esfuerzas en agradar a todos, acabarás por no agradar a nadie.
Entra en ti sin llamar.
Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra.
La verdad psicológica fundamental no es que ningún hombre sea un héroe para su ayuda de cámara. La verdad psicológica fundamental, el fundamento del Cristianismo, es que ningún hombre puede ser un héroe para sí mismo.
Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo.
Las cañas se vuelven lanzas.
Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo.