Peca de grosero quien espera que le digan que se vaya.
La lengua resiste porque es blanda; los dientes ceden porque son duros.
Una vez al año no hace daño.
Las coronas de laurel son arrebatadas por un soplo de brisa; contra las coronas de espinas, nada puede la tempestad.
El público siente en masa y reunido de una manera muy distinta a como lo hacen sus individuos en particular.
Vamos, vamos — dijo el padre de Tom — a tu edad ya no tienes excusa para ser libertino. Es hora, hijo, de pensar en casarte. —Eso digo yo, padre. ¿La esposa de quién?
La experiencia de los siglos prueba que el lujo anuncia la decadencia de los imperios.
Los duelos con pan son menos.
Lo que no has de comer, déjalo cocer.
El huésped y el pez, a los tres días hieden.
Los grandes incendios nacen de las chispas pequeñas.
Yo creo que la gente, cuando es inteligente y completamente normal, no debe pretender ser rara y extraña, porque llega al absurdo inventado.
La ausencia de prueba no es prueba de ausencia.
La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez.
De casta le viene al galgo el ser rabilargo.
Cada oveja con su pareja.
El que abusa de un líquido no se mantiene mucho tiempo sólido.
El buey suelto bien se lame.
Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros, lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal.
Lo que abunda no daña.
Es un arte saber ceder en lo trivial.
En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas.
No ensucies la fuente donde has apagado tu sed.
Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
El mar, por su naturaleza, estaría tranquilo y quieto si los vientos no lo revolvieran y turbaran. De la misma manera, el pueblo estaría quieto y sería dócil si oradores y sediciosos no lo removieran y agitaran.
El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.
Es preciso suponer que en todo lo que se combina hay muchas cosas de todas clases, y semillas de todas las cosas, que tienen formas diversas y colores y sabores diferentes.
Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
Hágase el milagro, y hágalo el diablo.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.