Cada mochuelo a su olivo.
De fuera vendrá quien de casa te echará.
En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.
Quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su perro.
Mi sangre y mis orígenes son albaneses, pero soy ciudadano indio. Soy monja católica. Por profesión, pertenezco al mundo entero. Por corazón, pertenezco por completo al Corazón de Jesús.
Manos blancas no ofenden.
Dondequiera que fueres, haz lo que vieres.
La falsedad y el disimulo son útiles en la vida social. Yo no he tenido esa condición, y creo que no tenerla me ha perjudicado más que otra cosa. También me ha perjudicado un poco, al tratar con propios y extraños, el no tener solemnidad.
Un hombre vulgar puede acabar igual que un gran hombre.
Donde no hay harina, todo es mohína.
Quien no mira adelante, se queda atrás.
El maestro ciruela, que no sabe leer y pone escuela.
El sarcasmo es el lenguaje del diablo.
La más pequeña mosca irrita al león más terrible.
Es funesto que nos acostumbremos a considerar como ejemplos de belleza sana algunas obras clásicas, que quizás son objetivamente muy valiosas, pero que no provocan deleite.
Cuando el espíritu está abatido, es necesario sacudirlo.
Dijo la sartén al cazo: quítate allá, que me tiznas.
Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.
Las cosas de palacio van despacio.
La virilidad empieza cuando hemos aprendido a vivir en la necesidad.
El mayor imperio es el imperio de uno mismo.
Una maldición nunca ha matado una mosca.
Todo impuesto debe salir de lo superfluo, y no de lo necesario.
La astrología es una ciencia que tienen por golosina los cobardes, sin otro fundamento que el crédito de los supersticiosos. Es un falso testimonio que los hombres mal ocupados levantan a las estrellas.
No entres donde no puedas pasar fácilmente la cabeza.
Ande yo caliente ríase la gente.
Gallo que no canta, algo tiene en la garganta.
El hombre reina y la mujer gobierna.
El pez grande se come al pequeño.