Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.
Alábate, cesto, que venderte quiero.
Hay cosas que no tienen solución, y son las que más.
Cuando una lámpara se destroza, la luz yace muerta en el suelo.
Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos.
Dame pan y llámame tonto.
En cada casa cuecen habas, y en la nuestra a calderas.
Uno levanta la caza y otro la mata.
Muchos fracasos han provocado consideración, y muchas victorias ha dado la temeridad.
Por la muestra se conoce el paño.
Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil.
Ser discutido, es ser percibido.
Al hablar, como al guisar, su granito de sal.
Al que al cielo escupe, en la cara le cae.
Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero.
Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas.
Dime de qué presumes y te diré de qué careces.
De nada sirve al hombre ganar la Luna si ha de perder la Tierra.
A fin de cuentas, todo es un chiste.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Al amor, al baño y a la tumba, se debe ir desnudo.
Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados.
En el hombre hay una serpiente: el intestino, que tienta, traiciona y castiga.
El sigilo frente a la luz nació con los hombres.
Aramos, dijo la mosca al buey.
Donde las dan, las toman.
Más vale feo y bueno que guapo y perverso.
Es improcedente hablar de reforma sin hacer referencia a la forma.
Estaba furioso por no tener zapatos; entonces encontré a un hombre que no tenía pies, y me sentí contento conmigo mismo.