No hay mayor peso para un ser humano que un gran potencial.
Tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza.
De la mar, el mero, y de la tierra, el carnero.
Lo que se llama un vestido atrevido no es más que un vestido un poco más convencional que los demás.
El comer y el rascar, todo es empezar
No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.
La lengua disimula y encubre los designios.
La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás.
Días de mucho, vísperas de nada.
No sólo de pan vive el hombre.
A veces uno se horroriza al descubrirse a sí mismo en otro.
Casarse está bien. No casarse está mejor.
Entre sastres no se pagan hechuras.
Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; creo que se puede hacer lo mismo para curar el alma.
Ir por lana y volver trasquilado.
Apresúrate lentamente.
Aspirar es un privilegio de la mujer.
Observa todo lo blanco que hay a tu alrededor, pero recuerda todo lo negro que existe.
El verdadero hombre siente su superioridad al reverenciar lo que realmente le supera. El corazón no abriga sentimiento más noble ni bendito.
Las mujeres son siempre autoritarias: siempre están por encima o por debajo; por eso el matrimonio viene a ser una suerte de poético balancín.
La afirmación de que los mansos poseerán la tierra está muy lejos de ser una afirmación mansa.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
No hay forastero que venga de mala gente, ni viejo que no haya sido valiente.
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
Un gran marinero puede navegar aunque sus velas sean de alquiler.
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
Habló el buey y dijo mu.
Cada palo aguante su vela.
No hay nada inaccesible a los mortales.
De la mano a la boca se pierde la sopa.