La vergüenza ayuda a los hombres o los envilece.
La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.
Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.
El odio es un borracho en el fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
Salen errados nuestros cálculos siempre que entran en ellos el temor o la esperanza.
La resignación es un suicidio cotidiano.
Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira.
Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy.
Para quien tiene miedo, todo son ruidos.
El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.
Nadie siente el dolor de otro, nadie comprende la alegría de otro.
Los celos nacen entre quienes se quieren, del aire que pasa, del sol que toca y de la tierra que pisamos.
La sociedad está obligada a hacer feliz a toda la vida.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
El peor enemigo es el que está encubierto.
La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano.
El hombre es un aprendiz y el dolor es su maestro.
Siempre hay algo que se interpone entre nosotros y lo que creemos que es nuestra felicidad.
No se debe intentar contentar a quienes no se van a contentar.
Criados, enemigos pagados.
Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.
El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.
Cuando una puerta de felicidad se cierra, otra se abre, pero muchas veces miramos tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que se ha abierto para nosotros.
Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.
¡Confiamos demasiado en los sistemas y muy poco en los hombres!
Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y solo ahora la podemos disfrutar.
Los celos matan el amor, pero no el deseo. Este es el verdadero castigo de la pasión traicionada.
Jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas ya descubiertas.
Una fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada.