Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.
Quien pierde su fe no puede perder más.
Los celos son la icteria del alma.
La pena uno puede soportarla solo, pero para estar alegre se necesitan dos.
La alegría, cuanto más se gasta más queda.
Nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro consentimiento.
El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia.
La indiferencia hace sabios y la insensibilidad monstruos.
El valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que estás preparado a hacer por él.
No os espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros.
El sentimiento llena las lagunas de la ignorancia.
Mucho más que los intereses, es el orgullo quien nos divide.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.
Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse.
La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
La esperanza del bien es ya un gran bien.
Desciende a las profundidades de ti mismo y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta.
En la adversidad una persona es salvada por la esperanza.
Tener fe significa no querer saber la verdad.
En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor.
A enemigo que huye, puente de plata
Entre todos los vestidos que he visto poner al orgullo, el que más me subleva es el de la humildad.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
He cometido el peor de los pecados: quise ser feliz.
Todo hombre no vive más que por lo que espera.
Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría, no podrá morir nunca.
Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras esperan la gran felicidad.
La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada requiere menos esfuerzo que estar triste.