Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos.
Nada es tan rápido como un sentimiento de antipatía.
Louis Charles Alfred de Musset
Cuando el hombre es celoso, molesta; cuando no lo es, irrita.
No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.
La esperanza es un gran falsificador.
El gesto de amargura del hombre es, a menudo, solo el azoramiento petrificado de un niño.
La admiración es amor congelado.
Jamás negociemos con miedo, pero nunca temamos negociar.
No hay puerto seguro contra el desleal ni enemigo mayor que el encubierto.
Todo en la vida se soporta, excepto muchos días de felicidad continua.
Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo.
Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos.
Perdona a tus enemigos, pero jamás olvides su nombre.
Si hubiera un solo hombre inmortal sería asesinado por los envidiosos.
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
Hay una especie de vergüenza en ser feliz a la vista de ciertas miserias.
El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte.
La desconfianza es una señal de debilidad.
Hay que simpatizar siempre con la alegría de la vida. Cuanto menos se hable de las llagas de la vida, mejor.
La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.
Que más mata esperar el bien que tarda,que padecer el mal que ya se tiene.
Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad.
No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.
El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
No vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo.
No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior.