¿Por qué no tener confianza en la justicia del pueblo? ¿Hay en el mundo esperanza mejor o que pueda igualarla?
Ira de hermanos, ira de diablos.
La alegría más grande es la inesperada.
No es necesario todo para hacer un mundo, es necesaria la felicidad y nada más.
La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible.
Cada uno es tan infeliz como cree.
Si la pena no muere, se la mata.
La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos.
La felicidad radica, ante todo, en la salud.
Dime quién te admira y te diré lo que eres.
No os entreguéis por demasiado a la ira; una ira prolongada engendra odio.
Aburrirse es besar a la muerte.
Hay dolores que matan, pero los hay más crueles, los que nos dejan la vida sin permitirnos jamás gozar de ella.
Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre; es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la Naturaleza que nosotros.
Sentir antes de comprender.
Los celos son siempre el instrumento certero que destruye la libertad interior y elimina en la compañía toda la felicidad posible.
¡Dios me libre de enemistades de amigos!
Corazón mío, no hables. Puedes jugar con fuego, pero te quemarás.
La ira es una locura de corta duración.
Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.
Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo.
Hay más fe en una honrada duda, creedme, que en la mitad de las creencias.
No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia.
Gobernar a base de miedo es eficacísimo. Si usted amenaza a la gente con que los va a degollar, luego no los degüella, pero los explota, los engancha a una carro... Ellos pensaran; bueno, al menos no nos ha degollado.
En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia.
La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes.
Ningún hombre es feliz a menos que crea serlo.
Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes.