De bien nacidos es ser agradecidos.
Si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo.
Conviene siempre esforzarse más en ser interesante que exacto; porque el espectador lo perdona todo menos el sopor.
Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza.
El signo más evidente de que se ha encontrado la verdad es la paz interior.
El dolor silencioso es el más funesto.
Todas mis esperanzas están en mí.
No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás.
Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada.
Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido.
Todo nuestro conocimiento comienza en los sentimientos.
Vivir para los demás no es solo una obligación, sino también una fuente de felicidad.
La ciencia heredada de cien generaciones y el orgullo fruto de cuatro mil años de historia huyen como esclavos atrapados por la amenaza tempestuosa de un sentimiento.
Vale la pena conocer al enemigo... entre otras cosas, por la posibilidad de que algún día se convierta en un amigo.
No hay mayor alegría que aquella que difunde la felicidad entre los demás.
La misma esperanza deja de ser felicidad cuando va acompañada de impaciencia.
Si no tienes enemigos es señal que la fortuna te ha olvidado.
Tan grande como la multitud de admiradores es la multitud de envidiosos.
Los bárbaros que confían todo a la fuerza y a la violencia, no construyen nada, porque sus semillas son de odio.
El pájaro quisiera ser nube; la nube, pájaro.
El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
El hombre, por lo común, sólo sabe reconocer su felicidad en la medida de la desgracia que ha experimentado.
El cuarenta por ciento de la felicidad depende de los genes.
El aburrimiento no puede existir donde hay una reunión de buenos amigos.
Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo.
Las lágrimas más amargas que se derramarán sobre nuestra tumba serán las de las palabras no dichas y las de las obras inacabadas.
La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Sólo quien ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida.