Esperar es siempre temer.
Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos.
No me interesa la felicidad. Pero no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.
El temor y la esperanza nacen juntos y juntos mueren.
El dolor es más fuerte entre los más fuertes. Como el cáncer.
La envidia es una declaración de inferioridad.
Vengarse, iguala a uno con su enemigo; perdonar, lo hace superior.
La esperanza, a pesar de sus engaños, nos ayuda al menos a recorrer un camino agradable hacia el fin de la existencia.
Olvida que has dado para recordar lo recibido.
Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar.
A quien amigos tiene por millones ninguno sobrará; el que tan sólo un enemigo cuenta por doquier lo encontrará.
Donde hay celos hay amor, donde hay viejos hay dolor.
El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.
Gran ciencia es ser feliz, engendrar la alegría, porque sin ella, toda existencia es baldía.
Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás.
Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.
La desesperación infunde valor al cobarde.
En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.
La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada.
Tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza de poseerlo.
El hombre feliz es aquel que vive objetivamente, que es libre en sus afectos y tiene intereses amplios, y que asegura su felicidad a través de estos intereses y afectos, los cuales, a su vez, lo convierten en objeto de interés y afecto de muchos otros.
Quien se venga después de la victoria es indigno de vencer.
El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.
Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a hacer un ingrato.
En los campos ajenos, la cosecha siempre es más abundante.
La forma más profunda de sentir una cosa es sufrir por ella.
El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por resignación! A esta resignación sólo se llega por gracia.
El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad.
No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.