Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da poco: pero da siempre.
Vivir en contradicción con la razón propia es el estado moral más intolerable.
Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo.
La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia.
Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.
La paciencia es la virtud más heroica, precisamente porque no tiene ninguna apariencia de heroísmo.
Tan malo es no creer en nadie como creer en todos.
Las personas fuertes crean sus propios acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino.
El reparto más equitativo que existe es el de la inteligencia: todo el mundo cree tener suficiente.
Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.
Concede a tu espíritu el hábito de la duda y a tu corazón, el de la tolerancia.
Es prudente no fiarse por completo de quienes nos han engañado una vez.
En muchos casos encontramos motivos nobles y heroicos para actos que hemos cometido sin saberlo o sin querer.
La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto.
Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad.
Independiente siempre, aislado nunca.
Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.
Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.
La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que tal cuerpo habita, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla.
No tengo fe en la perfección humana. El hombre es ahora más activo, no más feliz, ni más inteligente, de lo que lo fuera hace 6000 años.
Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.
Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo.
Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad.
El niño ríe por alegría; es el primer escalón. El humorismo ríe con tristeza; es el último escalón. Aurora y crepúsculo.
La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.
Hasta la propia virtud se convierte en vicio cuando se aplica mal.
No se llega a gran hombre si no se tiene el coraje de ignorar una infinidad de cosas inútiles.
El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón.
Es dudoso que el género humano logre crear un enigma que el mismo ingenio humano no resuelva.