El genio puede concebir, pero la labor paciente debe consumar.
No puedo desear que ganen los buenos, ya que ignoro quiénes son.
A la tercera va la vencida.
No hay árbol recio ni consistente sino aquel que el viento azota con frecuencia.
En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones.
La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable.
Ese precioso y necesario don del sentido común, que es el menos común de los sentidos.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
Mezcla a tu prudencia un grano de locura.
La inteligencia nos fue concedida para dudar.
La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna.
No basta que una esposa sea fiel, es menester que su marido, sus amigos y sus vecinos crean en su fidelidad.
La forma de dar en el clavo una vez es dar cien veces en la herradura.
Sobre todo, sé bueno: la bondad, más que ninguna otra cosa, es lo que mejor desarma a los hombres.
Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.
La cualidad indispensable para un buen cocinero es la puntualidad, pero también la de los invitados.
Muchos habrían podido llegar a la sabiduría si no se hubiesen creído ya suficientemente sabios.
La experiencia del mundo no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado con fruto.
La ambición más legítima y pura, para subir, se arrastra hacia la altura.
No des la felicidad de muchos años por el riesgo de una hora.
La belleza es como la fruta estival: fácil de corromper y de corta duración.
De virtud hay una especie, de maldad, muchas.
Por encima de todo, sé la heroína de tu vida, no la víctima.
Usted ve, pero no observa.
El que tiene las nociones más precisas sobre las causas de las cosas y es capaz de explicarlas perfectamente en su enseñanza, es más sabio que todos los demás en cualquier otra ciencia.
Que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo.
Es difícil definir la lealtad, pero quizás nos acerquemos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía ante una obligación no definida.
Nada sienta tan bien en la frente del vencedor como una corona de modestia.