Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y despreciar el cultivo de las que posee.
El dinero destinado a la beneficencia no tiene mérito si no representa un sacrificio, una privación.
Hay dos clases de economistas: los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos reducir la pobreza de los pobres.
En la adversidad suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta.
Nada se sabe bien sino por medio de la experiencia.
Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio; amor, eso es el alma del genio.
La independencia del pensamiento es la más noble aristocracia.
El valor de un acto se juzga por su oportunidad.
Por muy poderosa que sea el arma de la belleza, desgraciada la mujer que solo a este recurso debe el triunfo sobre un hombre.
Voluntad firme no es lo mismo que voluntad enérgica y mucho menos que voluntad impetuosa.
Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.
Cada persona forja su propia grandeza. Los enanos seguirán siendo enanos aunque se suban a los Alpes.
Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.
Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.
La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.
Hagas lo que hagas, hazlo bien.
Tiene mejor conocimiento del mundo no quien más ha vivido, sino quien más ha observado.
Algunos parecen zurdos de ambas manos.
La confianza en la bondad ajena es un testimonio no pequeño de la propia bondad.
La belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo.
Cada uno habla de la feria según cómo le va en ella.
El honor es la poesía del deber.
La mayoría de las personas son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante.
El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.
Las inteligencias poco capaces se interesan en lo extraordinario; las inteligencias poderosas en las cosas ordinarias.
Intentar modificar el carácter de un hombre es como tratar de enseñar a una oveja a tirar de un carro.
Generalmente, la experiencia se atribuye a las personas de cierta edad y, lo que es peor, se la atribuyen ellas mismas.
Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.
Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.