Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso.
La patria, posiblemente, es como la familia, sólo sentimos su valor cuando la perdemos.
Buscar la unanimidad por la violencia es labor baldía.
El acento es el que convence y no la palabra.
Una revolución es la larva de una civilización.
El valor nunca es mayor que cuando nace de la última necesidad.
Que si ha de dar un desengaño muerte, mejor es un engaño que da vida.
Hay muchas personas que adquieren la costumbre de ser infelices.
Probamos el oro en el fuego, distinguimos a nuestros amigos en la adversidad.
Los errores pasan, sólo la verdad permanece.
Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen.
Sería mucho mejor para nuestros distinguidos antepasados alabarles con menos palabras y con más acciones nobles.
No todo en la vida es de un color o de otro. Miren sino el arco iris.
Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
Puedes hablar de la tiranía de Nerón y Tiberio, pero la verdadera tiranía es la del vecino de al lado.
Sólo pensar en traicionar ya es una traición consumada.
Fatigas, pero no tantas, que a fuerza de muchos golpes, hasta el hierro se quebranta.
A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Aquellas personas que no están dispuestas a hacer pequeñas reformas, nunca estarán en las filas de los que apuestan a cambios trascendentales.
Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende.
Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quién se come el queso.
Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.
Curiosidad: Impulso humano que oscila entre lo grosero y lo sublime. Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.
El sol, el agua y el ejercicio conservan perfectamente la salud a las personas que gozan de una salud perfecta.
Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar.
El exceso de severidad produce odio, como el exceso de indulgencia debilita la autoridad.
Antes hay que desconfiar del que busca razones por las que nos beneficia, que del que nos beneficia sin buscar razones.