Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes.
Los conceptos están contenidos en las palabras.
Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia.
La prueba para saber si puedes hacer un trabajo o no, no debería depender de la organización de tus cromosomas.
Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.
De nada sirve morir. Hay que hacerlo a tiempo.
El gusto por la concentración productiva debe reemplazar, en un hombre ya maduro, el gusto por la dispersión.
La mitad está hecha cuando las cosas tienen un buen principio.
El que busca el cielo en la tierra se ha dormido en la clase de geografía.
La existencia dividida por la razón siempre deja un resto.
Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso.
El optimista encuentra una respuesta para cada problema. El pesimista ve un problema en cada respuesta.
Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo.
De lejos, el respeto es mayor.
Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas.
No hemos de gozar con mayor deleite las cosas que nos han costado caras, ni con menos las que no nos han costado nada.
Con el conocimiento se acrecientan las dudas.
El campo de batalla lo perdimos; pero conservamos una voluntad invicta, odio inmortal, empeño de venganza y valor obstinado, que nunca ha doblado la cerviz ante el temor.
Estamos solos, vivimos solos y morimos solos. Solo a través del amor y la amistad podemos hacernos la ilusión, por un momento, de que no estamos solos.
La adversidad es nuestra madre; la prosperidad sólo es nuestra madrastra.
Para hacer una tarta de manzana primero tienes que crear un universo.
La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.
Nada es más fácil que censurar a los muertos.
A los silenciosos no se les puede quitar la palabra.
Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos.
El Estado, al igual que el suelo sobre el que se halla situado, no es un patrimonio. Consiste en una sociedad de hombres sobre los cuales únicamente el Estado tiene derecho a mandar y disponer. Es un tronco que tiene sus propias raíces.
Nadie puede poner una cadena en el tobillo de su prójimo sin tener el otro extremo alrededor de su cuello.
Autoevidente: evidente para uno mismo, pero no para los demás.
Los descubrimientos ya logrados se deben al azar y a la experiencia vulgar más que a la ciencia.
Los ejemplos son diez veces más útiles que los preceptos.