Toma problemas prestados, si te lo dicta tu naturaleza, pero no los prestes a tus vecinos.
El renombre y el reposo no son compatibles.
La creación de una visión del mundo es trabajo de una generación más que de una persona, pero cada uno de nosotros, para bien o para mal, añade su propio ladrillo.
Soy un idealista. No sé dónde voy, pero estoy en el camino.
En el fondo, la inmoralidad es una cuestión de estética, porque los desnudos hermosos son decentes y los feos inmorales.
Mi mayor desgracia ha sido siempre no ser capaz de resistirme a los halagos.
El conocimiento es sólo una de las formas de representar la existencia.
¡Feliz el que ha llegado a conocer las causas de las cosas!
La conclusión es que sabemos muy poco y, sin embargo, es asombroso lo mucho que conocemos. Y aún más asombroso es que un conocimiento tan pequeño pueda dar tanto poder.
Sólo es posible afirmar en geometría.
Afortunadamente, no tenemos por qué parecernos a nuestros retratos.
En toda discusión, no es una tesis la que se defiende sino a uno mismo.
La mejor amiga y la peor enemiga del hombre es la fantasía.
Terrible es el error cuando usurpa el nombre de la ciencia.
Presta solamente aquello cuya pérdida puedas soportar.
El mundo es la suma total de nuestras posibilidades vitales.
Dibujar es la sinceridad enmascarada en una pirueta.
El mayor de todos los misterios es el hombre.
Es impío no el que suprime a los Dioses, sino el que los conforma a las opiniones de los mortales.
Los Estados, para la diplomacia, no son los pueblos, sino los reyes que los dirigen o los esclavizan.
Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.
El modernismo es la actitud de quien no cree en lo que cree.
El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo.
Nada se puede hacer en soledad.
Es inútil toda polémica si no hay esperanza de que sea provechosa.
Una pizca de probabilidad tiene tanto valor como una libra de quizá.
La novedad es madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza.
La desgracia es la comadrona de las virtudes.
El asesinato es lo único que elimina a la persona que hiere, por lo que la sociedad debe ocupar su lugar y exigir en su nombre la expiación o conceder el perdón.