El que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil.
Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.
El manantial desaprueba casi siempre el itinerario del río.
La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver.
El rey está rodeado de gentes que no piensan sino en divertirlo y en impedir que piense en sí mismo. Porque, por muy rey que sea, es desgraciado si piensa en ello.
Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
La verdadera sexualidad no es el simple acercamiento de los sexos, sino el trabajo creador del hombre y la maternidad de la mujer.
El regalo tiene la categoría de quien lo hace.
El papel más honroso en una conversación corresponde al que da la ocasión a ella, y luego al que la dirige y hace que se pase de un asunto a otro, pues así uno dirige la danza.
Hay quién porque golpea la pared con un martillo se cree clavar clavos.
El éxito ni da ni quita la razón a las cosas.
Quisiera ser como un camino, por el que todos pasan y luego olvidan.
¿De quién dependen las reputaciones? Casi siempre de los que no tienen ninguna.
El amor a la patria es más evidente que la razón misma.
Todo el mundo cuenta cómo ganó sus primeras cien pesetas; nadie cuenta cómo ganó su último millón.
El verdadero problema del mundo es cómo impedir que explote.
El horizonte está en los ojos y no en la realidad.
Cada quien sabe lo que trae en su morral.
Si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes.
El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valiente lo soporta sin quejarse.
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.
Y rara vez la suerte, en sus vaivenes, conforma las edades con los bienes.
La fortuna no está hecha para los perezosos y, para alcanzarla, antes de mantenerse bien sentado hay que correr tras ella.
Todo lo que ocurre, desde lo más grande a lo más pequeño, ocurre necesariamente.
A cada cual lo que se merece.
Más instructivos son los errores de las grandes inteligencias que las verdades de los ingenios mediocres.
A veces conviene cerrar un ojo, pero no es prudente cerrar ambos a la vez.
La gloria es un veneno que hay que tomar en pequeñas dosis.
Los iconoclastas hicieron muchas más estatuas de las que destruyeron.