Los hombres viven celosos de la inmortalidad.
Generalizar siempre es equivocarse.
Cuando estamos más ocupados, es cuando tenemos más tiempo para divertirnos.
No te damos una sirvienta, sino una compañera.
El universo, con toda su pompa y belleza, es un caos para el hombre sin fe.
¿Quién sería lo bastante insensato para morir sin haber dado al menos la vuelta a su cárcel?
A menudo, la fortuna nos hace pagar muy caro lo que creemos que nos ha regalado.
No hay nada permanente en este malvado mundo, ni siquiera nuestros problemas.
No hay placer que no tenga por límite el pesar.
Latinoamérica es la última reserva de alimentos que tiene el planeta, pero también es la última reserva espiritual y musical.
Sírvete de lo aparente como indicio de lo inaparente.
El amor a la patria siempre daña a la persona.
Yo aquí, escribiéndote. Tú allá, borrándote.
Viviendo todo falta, muriendo todo sobra.
Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas.
La existencia está tejida de un material de mala calidad que se encoge con el uso.
Al oír un eco muchos creen que el sonido proviene de él.
La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta esa sensación uno quisiera morir.
Veo los peligros de la vida presente; peligro en el mar, peligro en la tierra y peligro en los falsos hermanos.
Los errores más pequeños son siempre los mejores.
No hay revolución sin contrarrevolución.
La fortuna juega a favor de una mente preparada.
El favoritismo nos grava más pesadamente que muchos millones de deuda.
En asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas.
Las circunstancias hacen a los hombres hábiles en lo que quieren ser, y pueden con los hombres débiles.
Que más vale pobreza ,en paz, que en guerra mísera riqueza.
El que gusta de ser adulado es digno del adulador.
Morimos sólo una vez, pero durante mucho tiempo.
Lo que llamamos en otros pecado, consideramos en nosotros como experiencia.