Dicen que soy un héroe, yo débil, tímido, casi insignificante; si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos.
Todo es muy difícil antes de ser sencillo.
Más vale morir con honra que vivir deshonrado.
Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.
Las personas más insoportables son los hombres que se creen geniales y las mujeres que se creen irresistibles.
Un efecto esencial de la elegancia es ocultar sus medios.
La fidelidad es el esfuerzo de un alma noble para igualarse a otra más grande que ella.
Realmente, no sé si con justicia o no, a mí no me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía.
Muy pocos grandes hombres proceden de un ambiente fácil.
Igual virtud es moderarse en el gozo que moderarse en el dolor.
Constante y perpetua riqueza es la virtud.
Cuando envejecemos, la belleza se convierte en cualidad interior.
Hay que ser sublime sin interrupción. El dandy debe vivir y morir ante el espejo.
El lenguaje artificioso y la conducta aduladora rara vez acompañan a la virtud.
Solo la obediencia tiene derecho al mando.
La madurez hace al hombre más espectador que creador de la vida social.
Tratar a los demás como uno quisiera ser tratado es el medio más seguro de agradar que conozco.
La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor, son elementos esenciales y característicos de la belleza.
La experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha reflexionado.
Poner el remiendo junto al agujero nunca es la mejor solución.
Ser bueno solamente consigo mismo es ser bueno para nada.
Por mucho que valga un hombre, nunca tendrá un valor mayor que el de ser hombre.
El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.
La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma.
Los pecados escriben la historia, el bien es silencioso.
La inteligencia es casi inútil a aquel que no tiene más que eso.
La elocuencia es una pintura del pensamiento, y por esto los que después de haber pintado añaden algo más, hacen un cuadro en lugar de un retrato.
Hay muchos que se van por las ramas, por uno que va directamente a la raíz.
Hemos de saber anticiparnos a encontrar lo cómico que haya en nosotros. Así podremos evitar que otros se burlen de nuestra escasa perfección.