Algunos oyen con las orejas, otros con el estómago, otros con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto.
Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.
Si quieres la paz, no hablas con tus amigos. Hablas con tus enemigos.
Lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa.
Hay tres maneras de arruinarse: las mujeres, el juego y los técnicos. La más placentera, las mujeres. La más rápida, el juego. Pero la más segura, los técnicos.
Si sufres injusticias consuélate, porque la verdadera desgracia es cometerlas.
El lógico desequilibrado se afana por aclararlo todo y todo lo vuelve confuso, misterioso. El místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso para que todo lo demás resulte explicable.
Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas.
Por un clavo se perdió una herradura, por ésta un caballo, y por éste el jinete, que fue capturado y muerto por el enemigo.
Los cautos rara vez se equivocan.
La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
Los hechos no dejan de existir aunque se los ignore.
La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.
El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos.
Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.
Un Estado próspero honra a los dioses.
El hombre no se da cuenta de cuánto puede hacer, más que cuando realiza intentos, medita y desea.
La mujer ha de ser dueña, y parecerlo, que es más.
La máxima especialización equivale a la máxima incultura.
Ningún crítico es más capaz que yo de percibir claramente la desproporción que existe entre los problemas y la solución que les aporto.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar con Dios un día.
El socorro en la necesidad, aunque sea poco, ayuda mucho.
Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería.
El ajedrez es un juego útil y honesto, indispensable en la educación de la juventud.
Las enfermedades son los intereses que se pagan por lo placeres.
El silencio es el partido más seguro para quien desconfía de sí mismo.
No hay viento favorable para el que no sabe dónde va.
Siempre tendremos razones para estar enfadados, pero esas razones, rara vez serán buenas.
Por sus frutos los conoceréis.