Que Dios me libre del agua mansa, que de la brava me cuidaré yo.
Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando lo necesita.
Donde menos lo piensas, salta la liebre.
La necesidad no conoce leyes.
De todas las reacciones posibles ante una injuria, la más hábil y económica es el silencio.
La capacidad de atención del hombre es limitada y debe ser constantemente estimulada por la provocación.
Dios no recibe respuestas con palabras.
Si otro te injuria, puedes olvidarlo; si injurias tú, nunca olvidarás.
El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin.
Lo que los demás rechazan de ti, cultívalo. Eso eres tú.
Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo.
Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes, lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles y otros de origen vergonzoso.
El idealismo aumenta en proporción directa de la distancia que nos separa del problema.
La risa no es más que la gloria que nace de nuestra superioridad.
Lo que más indigna al charlatán es alguien silencioso y digno.
Hacer del juego un negocio no puede compararse con el negocio del juego.
Debemos amar a nuestro país aunque nos trate injustamente.
El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida.
Los cazadores atrapan las liebres con los perros; muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación.
Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta.
La risa nos mantiene más razonables que el enojo.
A las mujeres les está bien llorar, a los hombres recordar.
El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo.
Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.
Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay.
Cometer una injusticia es peor que sufrirla.
Bien mirados, todos nos ocultamos, completamente desnudos, en los vestidos que usamos.
La vida es una ininterrumpida e intermitente sucesión de problemas que sólo se agotan con la muerte.
Dime con quien andas, y te diré quien eres.