Los únicos ideales que vale la pena tener son los que puedes aplicar a la vida diaria. Y al mundo.
El progreso social puede ser medido por la posición social del sexo femenino.
Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche para pintar las estrellas.
Mi padre siempre me decía: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida.
La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz.
Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.
La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
La burocracia es una máquina gigantesca manejada por pigmeos.
¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!
Imponer condiciones excesivamente duras es dispensar de su cumplimiento.
Fuera de la sociedad, el hombre es una bestia o un dios.
¿Popularidad? Eso es la gloria en centavos.
El consejo del escarmiento, la mayoría de las veces, llega tarde.
Las instituciones pasan por tres períodos: el del servicio, el de los privilegios y el del abuso.
Las costumbres del que nos habla nos convencen más que sus razonamientos.
Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas.
Si la sociedad no hubiera sido inventada, el hombre habría seguido siendo una bestia salvaje o, lo que es lo mismo, un santo.
Las verdaderas columnas de la sociedad son la verdad y la libertad.
Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.
Sólo hay una religión verdadera, pero pueden haber muchas especies de fe.
En las amarguras desearéis la dulzura, y en la guerra, la paz.
Uno puede apoyarse en su puesto, pero no sentarse en él.
Nunca es segura la alianza con un poderoso.
Debe ser muy grande el placer que proporciona gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo.
Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral.
La ley suprema es el bien del pueblo.
Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder.
El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos.
Con tanto ardor deben los ciudadanos pelear por la defensa de las leyes, como por la de sus murallas, no siendo menos necesarias aquéllas que éstas para la conservación de una ciudad.
La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra.