A un hombre sólo le pido tres cosas: que sea guapo, implacable y estúpido.
Las dos más importantes palabras del idioma inglés son: cheque adjunto.
Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
Las ciudades son el abismo de la especie humana.
La forma más rápida de doblar tu dinero es plegar los billetes y metértelos de nuevo en el bolsillo.
Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos.
Las ideologías nos separan, los sueños y la angustía nos unen.
La pena de muerte sólo se ha perpetuado por una especie de crimen legal.
El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras.
Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.
Para los que no tenemos religión, nuestro Dios es el trabajo.
Puede decirse que el grito de la historia nace con nosotros y que es uno de nuestros dones más importantes. En cierto sentido somos históricos todos los hombres.
Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan.
En política siempre se corre el riesgo de pertenecer a las mayorías.
Los buenos gobiernos se conocen cuando lo que hacen vale más que lo que sus opositores dicen.
El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar.
Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca.
En política, querido mío, y vos lo sabéis tan bien como yo, no hay hombres, sino ideas; no sentimientos, sino intereses; en política no se mata a un hombre, sino se allana un obstáculo.
La costumbre con la costumbre se vence.
La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos.
Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje.
Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.
Cuando el hombre ya no encuentra placer en su trabajo y trabaja sólo por alcanzar sus placeres lo antes posible, entonces sólo será casualidad que no se convierta en delincuente.
El pueblo me silba, pero yo me aplaudo.
Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco.
La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos. Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan.
La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir.
La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.
Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.