Ésta es nuestra obligación hacia el niño: darle un rayo de luz y seguir nuestro camino.
La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a unos y a otros.
Hay hombres cuya conducta es una mentira continua.
Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si pudiera decir lo mismo de las mujeres, me iría mucho mejor.
La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues su fin es la obediencia, la pasividad y la sumisión.
Los medios de comunicación han acostumbrado a ciertos sectores sociales a escuchar solo lo que «halaga los oídos».
Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.
Ningún ejército puede detener la fuerza de una idea cuando llega a tiempo.
No todo lo que la ley permite es siempre honesto desde el punto de vista moral.
La indigestión es la encargada de predicar la moral al estómago.
Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables.
Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo.
Al hombre que hace todo lo que puede no podemos decirle que no hace todo lo que debe.
La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
Sólo los necios están satisfechos y confiados con la calidad de su trabajo.
Los mayores progresos de la civilización se experimentan inicialmente como sus peores amenazas.
Los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les resulta más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.
Una verdadera anarquía es el elemento generador de la religión. De la destrucción de todo lo posible, levanta su gloriosa cabeza como una nueva creadora del mundo.
Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad.
En el derecho público, el acto de justicia más severo es la guerra, porque puede tener como efecto la destrucción de la sociedad.
Dios hizo el campo, y el hombre la ciudad.
La guerra es un mal que deshonra al género humano.
Jesús es mi Dios, Jesús es mi Esposo, Jesús es mi Vida, Jesús es mi único Amor, Jesús es todo mi ser, Jesús es mi todo.
La guerra deja una ardua herencia de guerras.
El trabajo que nunca se empieza es el que tarda más en finalizarse.
Si ha de haber conflictos, que sea mientras yo viva, para que mi hijo pueda vivir en paz.
La religión cristiana, que parece no tener otro objetivo que la felicidad en la otra vida, también nos hace felices en esta.
Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos seamos sus cómplices.
Cualquier guerra entre europeos es una guerra civil.
Una revolución no es digna de llamarse así si con todo el poder y los medios que dispone no logra ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como en el pasado— a salir adelante y avanzar en el camino del progreso social e individual.