Por la ignorancia se desciende a la servidumbre; por la educación, se asciende a la libertad.
La política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas.
Cualquier poder, si no se basa en la unión, es débil.
Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los colocados en los lugares más altos son los más inútiles.
No se nace sino que se deviene mujer.
En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes.
La educación es, quizás, la forma más elevada de buscar a Dios.
Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara.
Cuando un hombre encuentra a su pareja, comienza la sociedad.
El trabajo endulza siempre la vida, pero los dulces no le gustan a todo el mundo.
La moral es lo que hace a uno sentirse bien y lo inmoral es lo que hace a uno sentirse mal.
Un pueblo que quiere ser feliz no ha menester de conquistas.
El dinero es un estiércol estupendo como abono, lo malo es que muchos lo toman por la cosecha.
El que renuncia a un derecho solamente se quita de en medio para poder gozar del mismo sin impedimento de su parte.
En ocasiones el exceso es estimulante. Evita que con la moderación se adquiera el mortal efecto de un hábito.
El dinero siempre está ahí; sólo cambian los bolsillos.
¿Quién guardará a los guardianes?
La política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos.
Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero guerrillero está guiado por profundos sentimientos de amor.
La mujer compuesta quita el marido de otra puerta.
El castigo entra en el corazón del hombre desde el momento en que comete el crimen.
Mira qué tan malo debe ser el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.
El poder arbitrario es una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer.
Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado.
La religión debería servir más para dar ánimos a los buenos que para aterrorizar a los malos.
Los hombres de Estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.
La amistad entre dos mujeres comienza o termina siendo un complot contra una tercera.
Todo poder es una conspiración permanente.
La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?
El progreso se evapora y deja atrás una estela de burocracia.