O se aprende educación en la propia casa o el mundo la enseña con el látigo, y nos podemos hacer daño.
Las leyes inútiles debilitan a las necesarias.
No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.
La opinión de toda una multitud es siempre más creíble que la de una minoría.
El dinero huele bien venga de donde venga.
No hay mejor prueba del progreso de una civilización que el avance en la cooperación.
Nuestra conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón.
Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes.
Después del poder, nada hay tan excelso como el saber tener dominio de su uso.
La historia es una filosofía en ejemplos.
No siempre es la multitud la poseedora de la verdad absoluta.
Ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba.
El placer que acompaña al trabajo pone en olvido a la fatiga.
La moda comienza y termina siempre por las dos cosas que más aborrece: la singularidad y la vulgaridad.
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
Una multitud es como un vasto desierto de hombres.
El dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa.
Una cosa es continuar la historia y otra repetirla.
La guerra es un método para desatar con los dientes un nudo político que no se puede deshacer con la lengua.
A una colectividad siempre se le engaña mejor que a un hombre.
En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.
Al progreso no hay quien lo detenga. Dios creó el mundo en seis días. ¿Y qué tenemos hoy? La semana de cinco días.
El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar.
El camino de la civilización está pavimentado con envases de hojalata.
La sociedad no puede prohibir en justicia el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.
La moda es una forma de fealdad tan intolerable que debe cambiarse cada seis meses.
Nadie recordaría al buen samaritano si, además de tener buenas intenciones, no tuviera dinero.
Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé unas cien veces.
No hay leyes, tradiciones ni reglas que puedan aplicarse universalmente, incluyendo esta.