Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen deliciosamente.
El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.
La buena fe es el fundamento de toda sociedad, la perfidia es la peste.
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.
No puedo creer que me condecoren. Creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras.
Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me pregunto ¿por qué arriesgarse?
La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.
A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia.
Un partido es la locura de muchos en beneficio de unos pocos.
Los vecinos que uno nunca ve de cerca son los vecinos ideales y perfectos.
Todos los hombres tienen iguales derechos a la libertad, a su prosperidad y a la protección de las leyes.
Es imposible fundar una civilización sobre el miedo, el odio y la crueldad. No perduraría.
Gracias a la guerra, uno no solo puede morir por sus ideales, sino que incluso puede morir por los ideales de otro.
Es una verdad indiscutible que el conjunto del pueblo de cada país desea sinceramente su prosperidad; pero es igualmente irrefutable que no posee el discernimiento y la estabilidad necesarios para un gobierno sistemático.
Una conducta desarreglada agudiza el ingenio y falsea el juicio.
El trabajo es lo más divertido, podríamos pasar horas observándolo.
Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos.
Se requiere mucho ingenio para no naufragar en la popularidad.
No progresas mejorando lo que ya está hecho, sino esforzándote por lograr lo que aún queda por hacer.
La guerra incondicional ya no conduce a la victoria incondicional.
No seréis nunca frailes si primero no sois monaguillos.
La educación es, por lo menos, una forma de cultivar la voluntad, no de hacer un cobarde culto del hecho.
La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices.
La multitud obedece más a la necesidad que a la razón, y a los castigos más que al honor.
Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencer a uno mismo es la victoria más bella.
La novedad atrae la atención y también el respeto, pero la costumbre hace que desaparezca pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arcoíris si permaneciese mucho tiempo en el horizonte.
El árbol de las leyes debe podarse continuamente.
El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio.
Así como un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres.