Todo progreso está basado en el deseo universal e innato por parte de cada organismo de vivir por encima de sus posibilidades.
Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.
En tiempos de corrupción es cuando más leyes se promulgan.
La magnitud de las cantidades de dinero parece variar notablemente según si deben ser pagadas o cobradas.
Si el dinero va delante, todos los caminos se abren.
El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.
Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud.
El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean.
No me importaría que la ópera desapareciera. Desde que era un niño, me pareció un pesado anacronismo, casi el equivalente a fumar.
Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.
La educación es el pasaporte hacia el futuro, el mañana pertenece a aquellos que se preparan para él en el día de hoy.
La política es el departamento de espectáculos de la industria.
El hábito convierte los placeres suntuosos en necesidades cotidianas.
El hombre que puede, es rey.
En los más ilustres y gloriosos capitanes y emperadores del mundo, el estudio y la guerra han conservado la cercanía, y la arte militar se ha confederado con la lección. No ha desdeñado en tales ánimos la espada a la pluma. Docto símbolo de esta verdad es la saeta: con la pluma vuela el hierro que ha de herir.
Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios.
Primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él.
Es lícito violar una cultura, pero con la condición de hacerle un hijo.
Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado.
¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.
Cualquiera puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla.
El hombre comienza en realidad a ser viejo cuando deja de ser educable.
La Historia Universal es la de un solo hombre.
Las leyes no son crueles ni suaves; son inmutables y, como tales, previsibles, cuadros fijos en cuyo interior incumbe al hombre diseñar lo mejor que sepa su destino.
Mi sueño es el de Picasso: tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres.
La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
El comercio es casi un arte; es la forma inferior, el primer grado del arte.
La costumbre disminuye la admiración, y una novedad moderada suele vencer a la mayor eminencia envejecida.
Me gusta y me fascina el trabajo. Podría estar sentado horas y horas mirando a otros cómo trabajan.
Es más importante dar a los hombres buenas costumbres que leyes y tribunales.