Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia.
No hay, en mi opinión, hombre que aprecie más la virtud y la siga con más gusto, que aquel que por no traicionar su conciencia ha perdido la reputación de hombre de bien.
¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!
Todos aquellos planes que no sean trazados plenamente según todas las disposiciones del género, tienen que fracasar.
Las medidas templadas, que equivalen a remedios prudentes, son muy nocivas cuando el mal es violento.
Si tienes un título universitario, puedes estar seguro de una cosa: que tienes un título universitario.
El placer da lo que la sabiduría promete.
¡Oh, insensatos afanes de los mortales! ¡Qué débiles son las razones que nos inducen a no levantar nuestro vuelo de la Tierra!
La noción que adquirimos de las cosas exteriores a través de los sentidos, aunque no sea tan cierta como nuestro conocimiento intuitivo, merece el nombre de conocimiento.
Nadie se queja de tener lo que no se merece.
El pudor es la epidermis del alma.
Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser preciso. Luego, cuando venga la suerte, estaré preparado.
Casi nadie repara por sí mismo en el mérito de otro.
Procura hacerte digno de todos los favores, pero no aceptes ninguno.
Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones.
En el asombro hay siempre un elemento positivo de plegaria.
El gusto está hecho de mil repulsiones.
Para el hombre dichoso todos los países son su patria.
La verdadera causa final reside en los seres inmóviles.
El fanatismo es una sobrecompensación de la duda.
El pudor es un sólido que sólo se disuelve en alcohol o en dinero.
Señal de tener gastada la fama propia es preocuparse por la infamia ajena.
Las palabras que se pierden son desdichas aún mayores.
Un momento de éxito compensa años de fracaso.
La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a lo largo de la historia, no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.
No hay secreto que el tiempo no revele.
Jamás mueren en vano los que mueren por una causa grande.
Quizá, el camino más directo para conquistar la fama sea afirmarlo con seguridad y pertinencia, y en la medida de lo posible, haberla conquistado.