La señal infalible de un mal reinado es el exceso de elogios dirigidos al monarca.
Si no pretendíamos saber todo con tanta exactitud, quizás conoceríamos mejor las cosas.
¿Quién capitulará más pronto: el que necesita las cosas difíciles o quien se sirve de lo que buenamente pueda hallar?
Nadie es patria, todos lo somos.
El pueblo, el fuego y el agua no pueden ser domados nunca.
Vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso.
Sentir que se ríe de nosotros algo al mismo tiempo inferior y más fuerte que uno es espantoso.
La marca característica de nuestra época es su repulsión hacia las pautas impuestas.
Los hombres intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si, después de haberse manchado con barro, quisieran limpiarse con barro.
Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.
El azar es orden en el tiempo.
El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él.
Es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte correctamente, serás un verdadero sabio.
El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones.
Dime cómo te diviertes y te diré quién eres.
La peor especie de enemigos es la de los aduladores.
Cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente.
Aceptar un favor de un amigo es hacerle otro.
Hay que ser ligero como el ave, y no como la pluma.
Los estereotipos son verdades cansadas.
Todo lo que no es eterno está eternamente pasado de moda.
He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que muera, uno sin mi firma tendrá un gran valor.
La enfermedad es el tirano más temible.
Cuánto placer se obtiene del conocimiento inútil.
Al hacer una profunda reverencia a alguien, siempre se vuelve la espalda a otra persona.
En toda obra de genio reconocemos nuestros pensamientos rechazados.
Por mal camino, en una noche oscura, sin saber a dónde voy, camino a ciegas, ignorante de dónde vengo.
Hay hombres que no se levantan después de caer.
Todo el mundo admite que las historias obscenas que uno mismo escribe no son tan peligrosas como las escritas por otros.