La indignación moral es la estrategia típica para dotar al idiota de dignidad.
Los estados poderosos sólo pueden sostenerse por el crimen. Los estados pequeños sólo son virtuosos porque son débiles.
Cuando se tienen veinte años, uno cree haber resuelto el enigma del mundo; a los treinta reflexiona sobre él, y a los cuarenta descubre que es insoluble.
Nadie muere más que el olvidado.
Las discusiones metafísicas se parecen a los globos llenos de aire; cuando revientan las vejigas, se observa cómo sale el aire y no queda nada.
Cuando acude la buena dicha, acude para todo, y lo mismo cuando la desdicha acude.
El pudor es una virtud relativa, según se tengan veinte, treinta o cuarenta y cinco años.
Todo lo que no es útero es intemperie.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Cuando nacen las sociedades, los jefes de un Estado son los que dan a éste su carácter especial. Después, ese carácter especial es el que forma a los jefes de Estado.
El secreto para tener buena salud es que el cuerpo se agite y que la mente repose.
De las miserias suele ser alivio una compañía.
Un hombre es la suma de sus desdichas. Se podría creer que la desdicha terminará un día por cansarse, pero entonces es el tiempo el que se convierte en nuestra desdicha.
Algo debe haber hecho mal o no sería tan famoso.
Bien acierta quien sospecha que siempre yerra.
Jamás viene la fortuna a manos llenas, ni concede una gracia que no haga expirar con un revés.
No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.
Aquí no pasa nada; mejor dicho, pasan tantas cosas juntas al mismo tiempo que es mejor decir que no pasa nada.
Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores.
Los hechos no dejan de existir sólo porque sean ignorados.
En la geometría no existen sectas.
Lo urgente generalmente atenta contra lo necesario.
Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienzan a imitarse mutuamente.
La enfermedad hace agradable la salud; el hambre la saciedad; la fatiga el reposo.
Lo que no se parece a nada no existe.
El Estado soy yo.
Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.
En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.
La realización implica que lo que sé es definitivo.