Todo lo individual tiene una medida propia de aptitud, solo la capacidad del género es inmensurable.
No escribo sobre mis experiencias, sino desde fuera de ellas.
En las tinieblas, la imaginación trabaja más activamente que a plena luz.
La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto.
El lenguaje y la imaginación no pueden ser aprisionados.
La elegancia es cuestión de esqueleto.
Sólo el que manda con amor es servido con fidelidad.
La sabiduría es hija de la experiencia.
Sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder.
La paciencia comienza con lágrimas y, al fin, sonríe.
Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.
Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.
Ser honrado no conduce a ninguna parte que aprecien los demás.
Las actitudes son más importantes que las aptitudes.
La ventaja de ser inteligente es que así resulta más fácil pasar por tonto. Lo contrario es mucho más difícil.
El valor es el resultado de un grandísimo miedo.
La belleza es indivisible; el que ha llegado a poseerla, antes de compartirla, prefiere anonadarla.
El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo.
Por encima del talento están los valores comunes: disciplina, amor, buena suerte, pero, sobre todo, tenacidad.
Volved a emprender veinte veces vuestra obra, pulidla sin cesar y volvedla a pulir.
Dentro de mí hay otro hombre que está en mi contra.
La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad.
Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre.
Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.
Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra.
El secreto de poner en ridículo a las personas reside en conceder talento a aquellos que no lo tienen.
Llega un momento en los asuntos de los hombres en que hay que coger el toro por los cuernos y enfrentarse a la situación.
Lo peor que le puede ocurrir a cualquiera es que se le comprenda por completo.