La verdadera grandeza no necesita la humillación de los demás.
La virtud, no por estar de moda, deja de ser virtud.
Quien tiene la voluntad tiene la fuerza.
Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie piensa que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.
Si este fuera un mundo perfecto, no escribiríamos novelas ni haríamos películas. Lo viviríamos, a través del amor de los demás.
La modestia no es otra cosa que el orgullo disfrazado.
Atreveos: solo así se logra el progreso.
Dichoso aquel que, corriendo entre los escollos de la guerra, la política y las desgracias públicas, preserva su honor intacto.
Aunque le arranques los pétalos, no quitarás su belleza a la flor.
Las palabras van al corazón, cuando han salido del corazón.
La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez.
En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.
Si no estás dispuesto a equivocarte, nunca llegarás a nada original.
Cuando todos los días parecen iguales, es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
Nadie admira la celeridad como el negligente.
Un alma grande está por encima de la injuria, de la injusticia y del dolor.
Culto es aquel que sabe dónde encontrar lo que no sabe.
Das poco cuando das tus posesiones. Es cuando das de ti mismo cuando realmente das.
Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación natural que las leyes han previsto.
Si el semblante de la virtud pudiera verse, enamoraría a todos.
Nunca le ha servido a nadie la experiencia de otros.
Nada está perdido si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.
No hay genio sin un gramo de locura.
Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos.
Con los zorros hay que ser un poco zorro.
El talento se desarrolla en lugares tranquilos, el carácter en el tumultuoso curso de la vida.
Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.
El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo.