Nadie puede ser sensato con el estómago vacío.
Las personas a las que nada se les puede reprochar tienen, de todas formas, un defecto capital: no son nada interesantes.
Por grande que sea el puesto, debe demostrar que la persona es mayor.
Paciencia: forma menor de desesperación disfrazada de virtud.
La ciencia es un magnífico mobiliario para el piso superior de un hombre, siempre y cuando su sentido común esté en la planta baja.
La belleza, como la sabiduría, ama al adorador solitario.
Si es posible, se debe hacer reír hasta a los muertos.
Dicen que el mono es tan inteligente que no habla para que no lo hagan trabajar.
Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.
Todo acto de bondad es una demostración de poderío.
No basta tener buen ingenio; lo principal es aplicarlo bien.
Solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz.
Las grandes obras no se hacen con fuerza, sino con perseverancia.
Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes.
La perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto.
Quien quiere acertar, espera.
La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida.
Cuando al tirano se le puede llamar tirano, el humor deja de ser necesario.
La buena conciencia es como una almohada.
No puedes obligarte a sentir algo que no sientes, pero sí puedes obligarte a hacer el bien, a pesar de lo que sientes.
Una espina de experiencia vale más que un bosque de advertencias.
La belleza está en la frente, el amor, en la corona.
No decir más de lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta.
Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.
No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices.
El precio de la grandeza es la responsabilidad.
Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad.
Las personas que hacen poco ruido son peligrosas.