Todo lo que una mujer quiere de verdad - un perro, un hombre, Dios, cualquier cosa - lo quiere como a un hijo.
Nosotros, los mortales, logramos la inmortalidad en las cosas que creamos en común y que quedan después de nosotros.
Quiero llorar porque me da la gana.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
Acepta los riesgos, toda la vida no es sino una oportunidad. El hombre que llega más lejos es, generalmente, el que quiere y se atreve a serlo.
En las arengas destinadas a persuadir una colectividad se pueden invocar razones, pero antes hay que hacer vibrar sentimientos.
Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.
La escalera ha de barrerse empezando por arriba.
Todos los hombres serían tiranos si pudieran.
Más vale una paz relativa que una guerra ganada.
Tú no ves lo que eres, sino su sombra.
Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
No juzgues cada día por la cosecha que recoges, sino por las semillas que plantas.
Probablemente se ha hecho más daño a la Tierra en el siglo XX que en toda la historia anterior de la humanidad.
Todo lo que nace proviene necesariamente de una causa; pues sin causa nada puede tener origen.
Sólo hay dos formas de pagar las deudas: mediante trabajo y mediante ahorro.
La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes. Sólo los tontos y los delincuentes están tristes.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos caballos enérgicos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del caballo negro (placer) y armonizarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia.
El arte del descanso es una parte del arte de trabajar.
Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan.
En el majestuoso conjunto de la creación, nada me conmueve tanto, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.
Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.
Adoro los placeres sencillos; son el último refugio de los hombres complicados.
El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe.
Si ganamos aquí ganaremos en todas partes. El mundo es un hermoso lugar, vale la pena defenderlo y detesto dejarlo.
Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.
Toda reforma fue en un tiempo simple opinión particular.