A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación.
Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.
En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.
Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas.
Meter mucho ruido a propósito de una ofensa recibida no disminuye el dolor, sino que aumenta la vergüenza.
Tu mejor maestro es tu último error.
Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Engañar al que engaña es doblemente entretenido.
Acostumbramos a cometer nuestras peores debilidades y flaquezas a causa de la gente que más despreciamos.
El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
El que sabe corresponder a un favor recibido es un amigo que no tiene precio.
Por nuestra codicia, lo mucho es poco; por nuestra necesidad, lo poco es mucho.
Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.
El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca.
No me arrepiento en absoluto de haber corrido todos los riesgos por aquello que me importaba.
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.
La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.
El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene.
Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?. Si no lo tiene ¿por qué te quejas?.
El más desgraciado de todos los hombres es el que cree serlo.
La conciencia del peligro es ya la mitad de la seguridad y de la salvación.
Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.
La mayor parte de aquellos que no quieren ser oprimidos, quieren ser opresores.
La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente.
El que se pierde es el que encuentra las nuevas sendas.