Cuando conseguimos nuestro objetivo creemos que el camino fue bueno.
Algunas de las hazañas más grandes de la humanidad han sido obra de personas que no eran lo bastante listas para comprender que eran imposibles.
No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual.
No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás.
La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros.
Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse.
El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Una nación permanece fuerte mientras se preocupa de sus problemas reales, y comienza su decadencia cuando puede ocuparse de los detalles accesorios.
El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras.
Sorprendernos por algo es el primer paso de la mente hacia el descubrimiento.
Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.
Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad.
Para llevar a cabo grandes empresas hay que vivir convencidos, no de que somos longevos, sino inmortales.
¡Cuántas cosas hay en una risotada! Es la clave secreta con la que se descifra un hombre entero.
La soledad es al espíritu lo que la dieta al cuerpo.
La abundancia me hizo pobre.
La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, igual que el viento apaga las velas y aviva las hogueras.
Mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo.
Cuando se sugieren muchos remedios para un solo mal, quiere decir que no se puede curar.
El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo.
Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada más rápido que un favor.
Si te propones algún día mandar con dignidad, debes servir con diligencia.
¡Ah, si nos fuera dado el poder de vernos como nos ven los demás! De cuántos disparates y necedades nos veríamos libres.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.
La mejor estructura no garantiza los resultados ni el rendimiento. Pero una estructura equivocada es una garantía de fracaso.
Muchos jueces son incorruptibles; nadie puede inducirlos a hacer justicia.