Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.
Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes.
El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.
La diplomacia es la política en traje de etiqueta.
El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.
El que, estando enfadado, impone un castigo, no corrige, sino que se venga.
El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.
La indignación moral no es más que envidia con aureola.
El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz.
Para crear debes estar consciente de las tradiciones, pero para mantener las tradiciones debes crear algo nuevo.
El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra.
La historia la escriben los vencedores.
Después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico, una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.
Quizá la obra educativa que más urge en el mundo sea la de convencer a los pueblos de que su mayores enemigos son los hombres que les prometen imposibles.
El primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta; el segundo, un imbécil.
Las religiones son meras vestiduras, muy mal cortadas, de la fe.
La Historia no es la maestra de la vida: nadie escarmienta.
Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.
La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración.
Quienquiera que ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano, y le declaro mi enemigo.
La verdad y la solidaridad son dos elementos claves que permiten a los profesionales de los medios de comunicación convertirse en promotores de la paz.
El trabajo consiste en lo que un organismo está obligado a hacer; el juego consiste en lo que un organismo no está obligado a hacer.
Por lo general, las mujeres de ensueño son una ilusión óptica.
El capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso.
Hay pueblos a los que se les soborna con el nivel de vida para que no se detengan a pensar en qué dirección va su nivel de vida.
Si las leyes las hicieran los hombres, o si las dictaran los jueces, sería legal matar, robar, adulterar, etcétera.
Nada necesita tanto una reforma como las costumbres ajenas.
Con el poder mantenemos una relación ambigua: sabemos que si no existiera autoridad nos comeríamos unos a otros, pero nos gusta pensar que, si no existieran los gobiernos, los hombres se abrazarían.
Con el dinero sucede lo mismo que con el papel higiénico; cuando se necesita, se necesita urgentemente.