Las leyes se hicieron para los hombres y no los hombres para las leyes.
No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores.
He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira.
Cualquiera es poderoso para hacer.
Si falta la diplomacia, recurra a la mujer.
Una mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos.
Los privilegios acabarán, pero el pueblo es eterno.
La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autocrítica.
La única defensa contra el mundo es un conocimiento perfecto de él.
La única cosa que respeta el poder es el poder.
El principal valor del dinero radica en que lo estimamos más de lo que vale.
La religión es el conocimiento de todos nuestros deberes como mandamientos divinos.
Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia.
Los únicos goces puros y sin mezcla de tristeza que le han sido dados sobre la tierra al hombre, son los goces de familia.
El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre.
No hay más que un poder: la conciencia al servicio de la justicia; no hay más que una gloria: el genio, el servicio de la verdad.
El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo.
¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?.
Haz que tus familiares te reverencien más que te teman, pues el amor sigue a la reverencia, más el temor al odio.
No existe la guerra inevitable. Si llega, es por fallo del hombre.
Una sola cosa nos explica bien la historia y es en qué consisten los malos gobiernos.
El hombre se adentra en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio.
La multitud por sí sola nunca llega a nada si no tiene un líder que la guíe.
La moda es siempre un esperpento, por lo que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.
Se cambia más fácilmente de religión que de café.
Un viajero sabio nunca desprecia su propio país.
La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.
El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla.
Cuando un pueblo se exalta es difícil calmarlo; pero cuando está tranquilo es difícil saber cuándo va a exaltarse.