¿Quién osó luchar con los dioses, y quién con el Único? Es hermoso ser un discípulo de Homero, aunque sea el último.
Obra empezada, medio acabada.
Los volcanes arrojan piedras, y las revoluciones hombres.
No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.
El que muere paga todas sus deudas.
No vive quien no vive con seguridad.
No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, bajo el pretexto de que somos hombres y solo debemos pensar en las cosas humanas, ni a quienes, por ser mortales, nos llevan a renunciar a las cosas inmortales.
No puede haber una revolución total sin una revolución permanente. Como el amor, es el goce fundamental de la vida.
Seamos discretos. No preguntes a la gente si vive.
La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.
No te avergüences de someterte a las leyes y a quien sabe más que tú.
No tenemos otro mundo al que podamos mudarnos.
El destino se ríe de las probabilidades.
Es un axioma que aquel a quien todos conceden el segundo lugar, tiene méritos indudables para ocupar el primero.
Sobre todas las cosas pueden hacerse dos afirmaciones totalmente contrarias.
Una cosa es haber recorrido más camino y otra, haber caminado más despacio.
Afortunado en el juego, desgraciado en el amor.
La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no un feudo ni una capellanía de nadie.
El cuándo y el pero son la herencia de los tontos.
Yo soy siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria.
Cuando la muerte ha igualado las fortunas, las pompas fúnebres no deberían diferenciarlas.
La superstición trae mala suerte.
Donde hay patrón, no manda marinero.
Los que se quejan de cómo rebota la pelota son aquellos que no saben golpearla.
Lo poco que conozco del matrimonio proviene de lo mucho que sé del divorcio.
Los espejos, antes de darnos la imagen que reproducen, deberían reflexionar un poco.
El primer requisito de la inmortalidad es la muerte.
Soledad: Un instante de plenitud.
Me afectan cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que siempre tienen su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida.