La pereza, es decir, la pasión de la inacción, tiene, para triunfar, una ventaja sobre las demás pasiones, y es que no exige nada.
La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
Cuanto mejor es uno, más difícil le resulta sospechar de la maldad de los demás.
¿Quién puede vanagloriarse de no tener defectos? Examinando los suyos, aprenda cada uno a perdonar los de los demás.
La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios.
Poquísimos son los hombres que saben tolerar en los demás sus propios defectos.
Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.
Nadie combate la libertad; a lo sumo combate la libertad de los demás. La libertad ha existido siempre, pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como derecho de todos.
Mi libertad se termina donde empieza la de los demás.
El límite saludable de nuestra libertad es la libertad de los demás.
Libertad es nuestra propia tiranía; tiranía es la libertad de los demás.
La libertad es aquella facultad que aumenta la utilidad de todas las demás facultades.
La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se permite esto, todo lo demás seguirá por su camino.
Deseo tanto que respeten mi libertad que soy incapaz de no respetar a la de los demás.
Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.
No hablaríamos tanto en sociedad si nos diéramos cuenta del poco interés que los demás tienen en lo que decimos.
Aquel que gobierna por medio de su excelencia moral puede compararse a la estrella polar, que permanece en su sitio en tanto todas las demás estrellas se inclinan ante ella.
Si es un deber respetar los derechos de los demás, es también un deber mantener los propios.
¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?.
En un acto social, cada uno disfruta de los demás.
El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.
La primera máxima de todo ciudadano debe ser obedecer las leyes y costumbres de su país, y en todas las demás cosas gobernarse según las opiniones más moderadas y alejadas del exceso.
Cuando se dice que el dinero no hace la felicidad, se alude, evidentemente, al de los demás.
El legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de cuidadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
La única manera de ser seguido es correr más deprisa que los demás.
Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.
El hombre es una multitud solitaria de gente, que busca la presencia física de los demás para imaginarse que todos estamos juntos.
Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos.
Hay que ser buenos no para los demás, sino para estar en paz con nosotros mismos.