No voy a dejar de hablarle solo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.
Las intenciones suelen descubrirse siempre por señales o razones.
Si al cruzar una montaña en dirección a una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, corre el riesgo de olvidar cuál es la estrella que lo guía.
La sumisión a un hombre débil es disciplina. La sumisión a un hombre fuerte es solo servilismo.
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
La diversión es como un seguro: cuanto más viejo eres, más te cuesta.
La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.
No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
Para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada.
La precipitación y la superficialidad son las enfermedades crónicas del siglo.
Aleksandr Isayevich Solzhenitsin
La superstición en la que fuimos educados conserva su poder sobre nosotros incluso cuando dejamos de creer en ella.
El silencio es como el viento: aviva los grandes malentendidos y no apaga más que los pequeños.
Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.
Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.
Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común.
Es indispensable, para que otros nos soporten a gusto, participar hasta cierto punto en sus pasiones.
La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.
Tu cuerpo es templo de la naturaleza y del espíritu divino. Consérvalo sano; respétalo; estúdialo; concédele sus derechos.
Vuestra fama es como la flor; que brota y muere; y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la acerba tierra.
Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos te señalan a ti.
Hay muy buenas protecciones contra la tentación, pero la más segura es la cobardía.
Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: la paz.
No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.
El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.
No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas.
El mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno de nosotros arma de manera diferente.
Puedes engañar a todo el mundo alguna vez. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Somos lo que hacemos, no lo que pensamos ni lo que sentimos.