Comienzo con la premisa de que la función del líder es producir más líderes, no más seguidores.
Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.
La política no es una ciencia exacta, sino un arte.
Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas.
La historia es siempre una fantasía sin base científica, y cuando se pretende levantar un tinglado invulnerable y colocar sobre él una consecuencia, se corre el peligro de que un dato cambie y se venga abajo toda la estructura histórica.
El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.
La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia.
El dinero que se tiene es instrumento de libertad, el que se busca lo es de servidumbre.
Las ciudades, como los sueños, están construidas con deseos y miedos, aunque el hilo de su historia sea secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, y todo esconda otra cosa.
Si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material para infringirlas.
La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz.
La tradición no se hereda, se conquista.
No siempre lo posterior a un momento determinado significa progreso.
El papel de las mujeres en el progreso de la civilización es mucho mayor que el del hombre, por lo que debería desarrollar sus aptitudes de acuerdo con su naturaleza, sin imitar a los hombres.
El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.
Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.
La guerra es parte de la vida de los hombres, porque la vida misma es guerra, y vivir y luchar son una misma cosa.
Las leyes son inútiles para los buenos, porque los hombres de bien no las necesitan; y también para los malos, porque éstos no son mejores con ellas.
Gobernar es el arte de crear problemas con cuya solución mantiene a la población en vilo.
Evoluciones progresivas que crecen cada vez más, son la materia de la historia.
La costumbre hace ley.
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
La ley es, pues, la distinción de las cosas justas e injustas, expresada con arreglo a aquella antiquísima y primera naturaleza de las cosas.
Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho. Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano, en un ariete que contribuye a derribarlo.
Cuando un hombre se echa atrás, sólo retrocede de verdad. Una mujer sólo retrocede para coger carrerilla.
La sociedad difiere de la naturaleza en que persigue una finalidad moral definida.
Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.
A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es hallar el hombre a quien serle fiel.
El trabajo sin prisa es el mayor descanso para el organismo.