Son celos, cierto temor, tan delgado y tan sutil, que si no fuera tan vil, podría llamarse amor.
Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia.
No digas que ningún sentimiento es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros sentimientos, hermosos y magníficos, y cada uno de ellos, cuando se comete una injusticia contra él, es una estrella que apagamos.
La esperanza hace que el náufrago agite sus brazos en medio de las aguas, incluso cuando no vea tierra por ningún lado.
La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia.
Amor sin celos no lo dan los cielos.
La puerta de la felicidad se abre hacia dentro; hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.
La esperanza es un árbol en flor que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones.
Usar de venganza con el más fuerte es locura, con el igual es peligroso, y con el inferior es vileza.
Es mi trabajo no estar nunca satisfecho.
Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
Cada cual tiene la edad de sus emociones.
La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos.
En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.
La melancolía es la felicidad de estar triste.
Los celos son una falta de estima por la persona amada.
Con viento, mi esperanza navegaba; perdónala la mar, matóla el puerto.
Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación.
Nada levanta tanto al hombre por encima de las mezquindades de la vida como admirar, sea lo que sea o a quienquiera que sea.
Aquel que tiene fe no está nunca solo.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.
El placer es felicidad de los locos, la felicidad es placer de los sabios.
La concordia hace crecer las pequeñas cosas, la discordia arruina las grandes.
La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.
La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza.
El tiempo hace estragos en la gratitud, aún más que en la belleza.
Porque dicen, amor, que no caminas si los celos no te calzan las espuelas.
Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.
El mejor servicio que podemos prestar a los afligidos no es quitarles la carga, sino infundirles la energía necesaria para sobrellevarla.
Es fácil hacerse admirar cuando se permanece inaccesible.